24/08/2013
El escritor británico H. G. Wells imaginó en su novela «La máquina de tiempo» (1896) un viaje al futuro hasta el año 802.701. En su visión, la raza humana había evolucionado a dos subespecies: una que perdió sus capacidades intelectuales y que vive en la superficie y otra que habita las profundidades con características monstruosas. Desde que Charles Darwin estableció que el ser humano es el más reciente eslabón dentro de una carrera evolutiva, la pregunta sobre cuál será su siguiente transformación ha sido material para las más fabulosas historias de ficción.
Mientras Stan Lee, creador del cómic «X-Men», sugiere que ese salto evolutivo ya está ocurriendo entre nosotros o que éste ocurrirá dentro de 200 años según propone el geólogo escocés Dougal Dixon en su obra «Man after man», desde el mundo científico las teorías no son tan arriesgadas, aunque no por ello menos fascinantes. En el último tiempo, dos investigaciones han intentado responder la interrogante que obsesiona a la ciencia ficción con sendas proyecciones sobre cómo cambiará el ser humano de aquí a diez siglos o más.
Según postuló un grupo de expertos británicos en octubre pasado, en mil años más los humanos serán más altos, conforme a la tendencia que comenzó en la década del 60 y que llevará a los individuos a medir entre 1.83 y 2.13 metros. Asimismo, tendrán intestinos más cortos para disminuir la absorción de azúcares y grasas, y así evitar naturalmente la obesidad heredada del presente.
El desarrollo tecnológico también tendrá un impacto en nuestra fisonomía. Aumentarán las terminaciones nerviosas y las extremidades se harán más largas. Crecerán los brazos y los dedos de las manos, con el propósito de manipular avanzados dispositivos electrónicos. El cerebro tenderá a hacerse más pequeño, ya que todo el trabajo de memorización que antes correspondía a zonas de ese órgano se transferirá a computadores.
Por su parte, la reducción del tamaño de la boca y la desaparición de dientes por una dieta que se basará en líquidos, obligará a que la comunicación se complemente con movimientos faciales y de los ojos, los que aumentarán su tamaño para compensar la reducción bucal.
Ojos más grandes también proyecta Alan Kwan, doctor en genómica computacional de la Universidad de Washington, aunque por otras razones. Según sus estimaciones, de aquí a 60.000 años, los humanos habrán colonizado otros planetas del Sistema Solar y como resultado tendrán globos oculares más amplios para adaptarse a la oscuridad por la lejanía del Sol. Pronostica también que nuestros cráneos crecerán para adaptarse a cerebros más grandes y que el año 120.000, los humanos podrán programarse genéticamente y perfeccionarse a voluntad.
Un futuro viejo
Desde Chile, la comunidad científica es más cauta y estima que cualquier proyección sobre la evolución humana es, en esencia, especulativa. Pero sí llaman la atención sobre un hecho que ya se puede vislumbrar: muchos vivirán más de 100 años gracias a los avances médicos. «Entre el siglo XIX y el XX aumentamos la esperanza de vida de 40 a 80 años y eso seguirá en aumento. El desafío será cómo lograr que ese vivir más sea también un vivir mejor», explica el doctor Andrew Quest, director del proyecto NEMESIS de la Universidad de Chile. El doctor Ramón Latorre, Premio Nacional de Ciencias Naturales, sostiene que, en ese escenario, los estudios del genoma humano serán claves. «Con una población tan longeva, los aportes que se puedan hacer con terapias génicas en enfermedades degenerativas será crucial», añade Torres.
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